Dott. Savio Mascolo: +39 3923289285

Quiénes Somos

QUIÉNES SOMOS LA ASOCIACIÓN

Tras años de intensa actividad sobre el territorio nacional, nace la Asociación Crescere Parlando, ideada y dirigida por Giuseppe Coppola y por sus profesores, todos ellos ex tartamudos.

La  Asociación pretende ser un referente veraz y calificado para “ enseñar a vivir como no tartamudos” y, sobre todo, para sensibilizar a la opinión pública y al mundo profesional sobre el problema que supone la tartamudez.

Los testimonios que escuchamos continuamente de quienes han experimentado la tartamudez, ponen de manifiesto su hondo sentimiento de frustración, el cual deriva no solo de la escasa concienciación social, sino también de la pobreza de los recursos que tienen a disposición para afrontar el problema. Ya desde niños, se han visto obligados a crecer en medio de dificultades inesperadas e inexplicables que les han llevado a esconder un problema que, en demasiadas ocasiones, ha condicionado su vida.

Todo ello crea numerosos inconvenientes y trae consigo consecuencias muy pesadas en el ámbito familiar, social y profesional. La Asociación pretende actuar para combatir dichas dificultades.

Todos nuestros voluntarios son personas que han experimentado la tartamudez y que trabajan con la sensibilidad y la pasión que siempre nos diferencia. La Asociación lleva a cabo sus actividades por toda Italia. Si bien la sede principal se sitúa en Roma, su actividad se extiende a las principales ciudades italianas y también a Barcelona, con la presencia de grupos locales que llevan a cabo encuentros y actividades por todo el territorio. Además, para aquellos que residen en localidades pequeñas o en el extranjero, la Asociación también está presente en red a través de encuentros virtuales.

Servicio de asistencia de por vida.

Después del curso, seguiremos en contacto para consolidar y monitorizar los resultados alcanzados. Siempre tendrá a su disposición a alguien con quien poder contar.

Pago por resultados obtenidos

Le ofrecemos la posibilidad de asistir a todas las lecciones sin ningún compromiso económico anticipado. Al finalizar las lecciones, será usted quien, de manera consciente, podrá elegir recompensarnos por el trabajo realizado.

Profesores ex tartamudos

Nuestros profesores han experimentado en primera persona la tartamudez, por lo que trabajan con gran sensibilidad y pasión para ayudar y enseñar a los asistentes de nuestro curso.

Equipo

Guiseppe Coppola
Todo inició a finales de los años 80. Tras terminar el instituto, me inscribí a la Universidad, donde realicé el primer examen hablando muy mal. Por aquel entonces, estaba a punto de inscribirme en otro de los tantos cursos a los que solía asistir para solucionar mi tartamudez, pero me negué a ello. Mi intención no era rendirme, únicamente quería encontrar mi camino para dejar de tartamudear.
Tuve un par de buenas ideas inspiradas en algunos de los trucos que había ido aprendiendo. Empecé dándome ligeros toques en la pierna con los dedos, a fin de darme el tiempo necesario para pensar. Si estaba relajado en mi habitación, conseguía seguir el tiempo adecuado, pero cuando salía al exterior, volvía a tartamudear e incluso se me bloqueaba el dedo. Gracias a ello, me di cuenta de la enorme diferencia que existía entre hablar solo y hablar en público. Comprendí entonces que necesitaba un instrumento que me permitiera encontrar un ritmo que no se bloqueara: un metrónomo. Ya conocía la técnica del metrónomo; quien me la había enseñado, me había dicho que debía seguir el ritmo del metrónomo emitiendo una palabra por cada pulso. De esta manera, tendría el tiempo necesario para poder saber en qué punto me iba a bloquear. Entonces, fijé para cada vocal una apertura de boca predeterminada, al inicio muy amplia y luego cada vez más y más natural, e identifiqué cada pulso del metrónomo con una vocal. Me di cuenta de que, haciendo esto, conseguía dejar totalmente de tartamudear.
Realicé el segundo examen universitario siguiendo esta técnica. Hablando al ritmo del metrónomo, mi exposición era clarísima e incluso en situaciones de mucho nerviosismo
no tartamudeaba.
Lo descubrí en el preciso instante en el que comprendí que conseguía no tartamudear porque mi atención se concentraba en las reglas que me había impuesto. La concentración era tal, que me impedía totalmente prever el bloqueo y, al no tener el tiempo de anticiparlo, el bloqueo no existía y, por lo tanto, no tartamudeaba.
Durante el siguiente examen fui capaz, por primera vez en mi vida, de expresar lo que pensaba directamente, sin necesidad de recurrir a sinónimos o aclaraciones. Al terminar el examen, sentí una sensación de tranquilidad que nunca antes había experimentado. Además, el profesor me preguntó si podía enseñar esta técnica al hijo tartamudo de un amigo suyo. A partir de ese momento, empecé a ordenar todo aquello que había descubierto y experimentado sobre mí.
Una noche, en el programa televisivo “Costanzo Show”, vi la entrevista a un ingeniero que había inventado un artilugio que permitía a los ciegos jugar al fútbol. Pensé que el ingeniero había podido construir algo que sustituía el metrónomo por un objeto más pequeño y manejable. Entonces, escribí a la dirección de “Costanzo Show” explicando quién era y cuál era mi historia. Me llamaron y me invitaron a  participar en una transmisión del programa, tras la cual recibí muchísimas cartas de personas que me preguntaban si estaría dispuesto a enseñar mi técnica a tartamudos. Las peticiones fueron tantas, que decidí intentarlo.
Empecé a impartir mis lecciones en Milán, en marzo de 1992. En mis clases explicaba cómo utilizar el metrónomo, desde los ritmos más lentos, hasta los ritmos más parecidos a los que utilizan las personas que no tartamudeaban. Al final del curso, todos mis primeros estudiantes hablaban sin tartamudear. A partir de ese momento, me propuse perfeccionar los métodos y las estrategias de aprendizaje. Después de casi un año y medio, dejé de lado el metrónomo para pasar a  “aperturas máximas de boca”. Era un paso importante: ¡eliminar un objeto y valernos por nosotros mismos!

En el 2002, di el paso más importante: intenté copiar el habla de quien no tartamudea. Estudié las diferencias que existen entre el modo de pensar y de expresarse de quien tartamudea y el de quien, en cambio, habla de manera natural. Busqué y encontré, en las reglas de la recitación, algunos principios básicos que permiten no tartamudear. Todas las escuelas de pensamiento reconocidas que se ocupan de la tartamudez, intentan eliminarla enseñando a hablar de manera artificial, no natural. En cambió, el método que yo diseñé no se basaba en ritmos particulares, cánticos o respiraciones artificiales, sino que podía ser comparable con un curso de correcta dicción.
Aplicando la técnica, no se tartamudea y, al no tartamudear, el cerebro se acostumbraba a esta nueva condición: pensar como quien no tartamudea.
Yo creo firmemente que, en el momento en el que se interiorizan las nociones que nos permiten pensar sin bloqueos, eliminar la tartamudez se convierte en una elección; una elección que únicamente quien asiste al curso puede tomar. Es por ello que el pago al finalizar el curso.
Entiendo el escepticismo, yo también lo he sentido por haber ofrecido mi confianza a quien no ha sabido estar a la altura de mis expectativas. El método que propongo puede evaluarse sin compromiso alguno durante la realización del curso, decidiendo pagar únicamente cuando se consigue alcanzar un lenguaje que permita afrontar todas las situaciones sin tartamudear.

Hasta pronto,
Giuseppe Coppola.

El equipo

Dejar de tartamudear no solo significa que no tienes más
bloques obvios en el exterior, es mucho más y ahora finalmente
tenemos una manera de lidiar con eso y superarlo.

Más información